Psicología

La resiliencia

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Las dos últimas semanas te he hablado de algunas cosas que solemos evitar pensar porque nos hacen sentir frágiles.

En uno de ellos te hablaba de que eres vulnerable, por el mero hecho de nacer, podemos herirnos física y emocionalmente y otras personas también pueden hacerlo. Para muchas personas la vulnerabilidad es sinónimo de debilidad, para mí no.

Creo que de nuestra vulnerabilidad nace nuestra fuerza, porque nos hace comprender el valor de las pequeñas cosas… como respirar, caminar, disfrutar con nuestros seres queridos o dedicarnos una tarde entera a nosotros. Si no fuéramos vulnerables, no nos cuidaríamos, no nos atenderíamos.

En el otro artículo te hablaba de la incertidumbre y de cómo los tiempos que estamos viviendo, están llenos de incertidumbre. En realidad creo que la vida siempre es así, solo que nuestra tecnología y planificación nos hacen creer que nosotros lo controlamos todo. Esta creencia errónea nos hace sufrir cuando no podemos preveer lo que va a ocurrir.

En uno de esos artículos te dije que eres un diamante, que las adversidades y crisis que has vivido, te han hecho más fuerte. Y esa fortaleza interna es la resiliencia.

La palabra resiliencia es mucho más que un conjunto de letras, en realidad es una actitud que mantenemos en la vida.

EL PROCESO DE CONVERTIRNOS EN RESILIENTES

Tal vez sea un misterio para ti cómo podemos hacernos más fuertes en nuestro interior para afrontar los malos momentos con una actitud positiva y de crecimiento. No te preocupes, yo he reflexionado mucho sobre este tema y te voy a mostrar el mapa que te lleva a la resiliencia.

Paso 1 – Afrontar una adversidad o crisis: Este primer paso suele traerlo la vida hasta nosotros, lo único que tenemos que hacer es quedarnos en esa adversidad, ese es el gran reto. Las adversidades de la vida es lo que yo llamo “catalizadores de la resiliencia”, porque tienen la capacidad de acelerar nuestro crecimiento y fortaleza.

Estos catalizadores pueden ser muchos, pero los más habituales son: la llegada de una enfermedad (propia o ajena si nos convertimos en cuidador), el dolor físico, las relaciones que llegan a su fin, la muerte y las pandemias.

En el fondo, creo que la propia vida es la que nos empuja a acrecer y fortalecernos. Pero es cierto que también podemos huir de esas situaciones, podemos negar la enfermedad, podemos delegar la tarea de cuidado de un ser querido a otra persona, podemos quedarnos en una relación que no funciona, etc.

Creo que a veces somos maestros en evitar el aprendizaje y crecimiento porque nos recuerda que debemos cambiar y tememos el cambio, en ocasiones tenemos miedo a convertirnos en alguien que no reconocemos. Pero te contaré un secreto… el cambio es la única constante de la vida, ¡únete a él!

Paso 2 – Mantener la calma: Cuando llega la adversidad, es habitual que nos sintamos paralizados, en shock porque ocurre algo inesperado y que consideramos va a cambiar nuestra vida. Y aunque neguemos esas cosas que han ocurrido, una parte de nuestra mente no para de recordárnoslo… porque no podemos guardar en un rincón oscuro de nuestra mente algo que nos preocupa.

Creo que la clave está en mantener la calma incluso en plena tormenta. Cuando mantenemos la calma, no nos resistimos a lo que ocurre y por tanto, sufrimos menos. Recuerda que en el ojo del huracán existe una profunda y extraña calma… esa es la serenidad que debes encontrar dentro de las crisis y adversidades, ese hueco hecho a tu medida para quedarte en la incomodidad y en las sensaciones desagradables.

Tal ve te estés preguntando… ¿Cómo puedo mantener la calma en plena tormenta?… Yo tengo un truco muy fácil  y si me lees habitualmente, seguro que tú también conoces…

¡RESPIRA!… pero respira de manera consciente, sintiendo tu inspiración y espiración, siente la respiración en tu cuerpo… en tu nariz, pecho y abdomen. Y si quieres tener a mano una grabación para cuando la vida te traiga adversidades, puedes descargarte aquí una meditación hecha para ti.

Paso 3 – Observar las lecciones: Yo creo que cada cosa que nos ocurre, cada emoción y pensamiento, es un maestro, tratan de ayudarnos a crecer y a aprender las lecciones que cada cual debemos aprender (cada persona tiene unas lecciones únicas por aprender en la vida).

Cuando te quedas en la adversidad y te calmas, eres capaz de ir más allá… eres capaz de dar un pasito atrás para ver las cosas con una perspectiva más amplia. Y cuando das este paso de manera consciente, te das cuenta de que las cosas no son “buenas” o “malas”. Comienzas a comprender que las situaciones que vivimos traen lecciones que debemos aprender.

Y cuando eres capaz de abandonar la dualidad “bueno-malo”, todo cambia, dejas de juzgar lo que vives y puedes ver las cosas tal y como son, con neutralidad, con ecuanimidad. Creo que este es el punto clave para hacernos resilientes, porque nuestra fortaleza nace en la mente.

Paso 4 – Cambio de mentalidad: Tras afrontar una crisis, mantener la calma en ella y empezar a distanciarnos de las emociones que nos dicen que ese suceso es “bueno o malo”, llega el momento de cambiar nuestra mentalidad, nuestra manera de ver y vivir la vida.

La rueda de la resiliencia se ha puesto en marcha y ahora hay un gran trabajo interno. Porque el cambio de mentalidad se produce en todo, no solo en las situaciones desagradables o inesperadas.

Deshacernos del concepto de dualidad, de los juicios, ser capaz de mantener la calma en plena tormenta y aprender a ver las cosas con perspectiva, es una verdadera revolución para nuestra mente.

Pero comprende que es un cambio progresivo, supone deshacerte de creencias que han sido los pilares de tu vida por mucho tiempo, por eso has de tener paciencia, estás en un proceso, ve poco a poco.

Paso 5 – Siendo resiliente: La resiliencia nos ofrece la oportunidad de ser optimistas, de mantener la esperanza, de regular nuestras emociones y pensamientos, nos ayuda a vivir plenamente en el presente.

Estudiando sobre este tema, he comprobado que hay muchas cualidades que poseen las personas resilientes, pero yo me quedo con estas 10…

  • Se conocen a sí mismas en profundidad.
  • Celebran la vida y aprecian todo lo que llega hasta ellos.
  • Se unen al cambio, no lo rechazan.
  • Son creativos.
  • Son grandes aprendices.
  • Cultivan su compasión.
  • Son optimistas (pero un optimismo realista y sano).
  • Se cuidan a sí mismos, se dedican tiempo y descanso.
  • Viven en el presente.
  • Aceptan y comprenden sus emociones.

Ahora te toca examinarte a ti mismo… ¿Cuántas de estas cualidades tienes? ¿Eres resiliente?

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