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La Epilepsia es una enfermedad que lleva miles de años conociéndose y son diversas.

Las definiciones que existen de la misma. Durante más de 20 años, la OMS, la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE) y la Oficina Internacional para la Epilepsia (EIE) se han unido para abordar las necesidades de las personas con epilepsia, promover la atención e investigación de la epilepsia en todo el mundo, reducir la brecha de tratamiento y luchar contra el estigma social.

Según la Organización Mundial de la Salud, se conoce la epilepsia como una presentación crónica y recurrente de fenómenos paroxísticos del SNC producidos por descargas eléctricas anormales en el cerebro, llamadas crisis epilépticas.  

Según otros datos de la misma fuente, la epilepsia se define por dos o más convulsiones no provocadas en el sujeto. Estas convulsiones son episodios breves de movimientos involuntarios, provocados por descargas eléctricas excesivas de células cerebrales, que pueden ser de dos tipos; parciales (si afectan a una parte del cuerpo) o generalizadas (si es en su totalidad), a su vez, estas convulsiones pueden estar acompañadas de pérdida de consciencia y del control de esfínteres, daños físicos asociados (fracturas, hematomas, etc.) así como repercusiones psicosociales.

Todas estas descargas producen una serie de despolarizaciones neuronales que alteran funcionalmente al ácido γ-aminobutírico (GABA), neurotransmisor inhibidor del SNC, produciendo un aumento de la excitación sináptica.

En el año 2005, la ILAE encargó a un grupo de trabajo que diese una definición de epilepsia nueva con fines de diagnóstico clínico. Anteriormente a este hecho, existía una definición con unas características marcadas, lo que podía llevar a confusión por parte de la población si padecía o no epilepsia al introducir la nueva definición, pero se establecieron de forma clara y concisa cuales eran los criterios para el diagnóstico.

Las principales brechas en la conciencia, diagnóstico y el tratamiento están todavía incompletas y están devastando las vidas de millones de personas con epilepsia a nivel mundial. Las personas con epilepsia son estigmatizadas en todas las sociedades, con las consecuencias de los prejuicios y la discriminación, que se añaden a la carga médica y psicosocial de la enfermedad.

Respecto al tratamiento farmacológico de la epilepsia, son numerosas las líneas existentes. En nuestra revisión, se hará una breve mención más adelante, se hablará del  manejo de fármacos, elección de los mismos, administración así como riesgos o beneficios asociados.

Dentro del campo de la epilepsia infantil, existe un porcentaje significativo de pacientes con resistencia a los tratamientos farmacológicos (23-25%).

Debido al impacto de esta patología en la calidad de vida de estos pacientes, es necesario encontrar otras opciones terapéuticas que contribuyan al cese de las crisis. Aproximadamente el 30% de los pacientes con epilepsia presentan epilepsia refractaria.

El organismo necesita energía para poder funcionar. Esta energía se proporciona a través de la dieta, y los hidratos de carbono son las biomoléculas de elección para otorgar esta energía a los cuerpos celulares. En su defecto, o cuando existe déficit de glucógeno en las células, el organismo tiene una vía alternativa, que es la degradación de grasas. Durante este proceso, se producen unos compuestos químicos, denominados cuerpos cetónicos, los cuales se excretan a través de la orina.

La dieta cetogénica supone una opción terapéutica alternativa para el control de las crisis. Esta dieta, consiste en disminuir de forma exhaustivamente controlada el aporte de carbohidratos al organismo e incrementar consumo de grasas, todo ello con el fin de reproducir un estado similar al del ayuno en el organismo.

Este estado de cetosis parece generar una mejoría clínica en aproximadamente la mitad de los pacientes, reduciendo los episodios de crisis, aunque el mecanismo de acción aún es muy discutido. Sin embargo, este permanente estado de cetosis genera en el organismo una serie de efectos secundarios a corto, medio y largo plazo. Aunque inicialmente se solventan con pequeñas modificaciones en la dieta, deben someterse a estudio y control periódico.

Si bien es cierto que ya existen estudios que intentan abordar este tema, en este aspecto, son poco concluyentes a largo plazo, ya que el seguimiento y el rigor científico son escasos. Otra recomendaciones dietéticas diferentes a la comentada, sería la dieta de Atkins modificada que consiste en un aporte de 60% de grasas, 30% de proteínas y 10% de carbohidratos.

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