Investigación

La empatía se puede detectar en personas cuyos cerebros están “en reposo”

 

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Investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles descubrieron que es posible evaluar la capacidad de una persona de sentir empatía estudiando su actividad física cerebral mientras descansa y no mientras se dedica a hacer otro tipo de tareas.

Tradicionalmente, la empatía siempre se ha medido mediante el uso de cuestionarios y evaluaciones psicológicas. Por eso, los hallazgos de este estudio ofrecen una alternativa a las personas que pueden tener dificultades para completar cuestionarios, como las personas que padecen alguna enfermedad mental grave o autismo.

Así lo explicó el autor principal del estudio, Marco Iacoboni, profesor de psiquiatría y ciencias de la conducta biológica en la Facultad de Medicina en UCLA: “Evaluar la empatía es, a menudo, lo más difícil en las poblaciones que más lo necesitan”.

La empatía es una piedra angular de la salud mental y el bienestar. Promueve el comportamiento social y cooperativo a través de nuestra preocupación por los demás. También nos ayuda a predecir los sentimientos internos, el comportamiento y las intenciones de los demás”, explica.

Iacoboni estudió, durante mucho tiempo, la empatía en las personas. En sus otros estudios, buscó probar la empatía en personas con dilemas u observando a alguien con dolor.

Sin embargo, para el estudio actual, que se publicó en Frontiers in Integrative Neuroscience, los investigadores reclutaron a 58 participantes de 18 a 35 años. Los datos de actividad cerebral en reposo se obtuvieron mediante imágenes de resonancia magnética funcional, o fMRI, una técnica no invasiva para mapear y medir la actividad cerebral a través de pequeños cambios en el flujo sanguíneo.

A los participantes se les dijo que dejasen vagar sus mentes mientras mantenían sus ojos quietos, mirando una cruz fija en una pantalla negra. Posteriormente, completaron cuestionarios diseñados para medir la empatía.

En este sentido, calificaron declaraciones como “a menudo tengo sentimientos tiernos y preocupados por las personas menos afortunas que yo” o “a veces trato de entender mejor a mis amigos imaginando cómo se ven las cosas desde su perspectiva”. Así, valoraron estos comentarios en una escala de cinco puntos, desde “no bien” a “muy bien”.

La intención de los investigadores era medir con qué precisión podían predecir la disposición empática de los participantes, definida como la capacidad de comprender la situación de los demás, y, para ello, analizando los escáneres cerebrales.

Las predicciones se hicieron al observar la actividad en reposo en las redes cerebrales específicas, que anteriores estudios habían demostrado ser importantes en la empatía. Así, utilizaron una forma de inteligencia artificial llamada aprendizaje automático, que puede detectar patrones sutiles en los datos que los análisis de datos más tradicionales no tendrían.

“Descubrimos que, incluso cuando se no involucra directamente en una tarea que lleva consigo la empatía, la actividad cerebral dentro de estas redes puede revelar la disposición empática de las personas”, comenta Iacoboni. “La belleza del estudio es que las IRM nos ayudaron a predecir los resultados del cuestionario de cada participante”.

Los hallazgos podrían ayudar a los profesionales de la salud a evaluar mejor la empatía en personas con autismo o esquizofrenia, que pueden tener dificultades para completar cuestionarios o expresar emociones.

Se cree que las personas con estas condiciones carecen de empatía, pero si podemos demostrar que sus cerebros tienen la capacidad de empatía, podemos trabajar para mejorarla mediante la capacitación y otras terapias”, añadió.

El poder predictivo de los algoritmos de aprendizaje automático como este, cuando se aplica a los datos del cerebro, también puede ayudarnos a predecir qué tan bien responderá un paciente determinado a una intervención, ayudándonos, de esa forma, a diseñar estrategias terapéuticas óptimas desde el principio”.

El estudio se suma a un creciente cuerpo de investigación que sugiere que los cerebros en reposo pueden interactuar de manera similar a cuando se dedican a una tarea. Iacoboni dijo que futuros estudios podrían ayudar a identificar otras regiones del cerebro asociadas con la empatía.

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