Salud sexual

¿Cómo saber si la inseminación artificial fue exitosa?

 

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Después de un tratamiento de reproducción asistida resulta muy lógico que las mujeres permanezcan atentas a cualquier cambio que se pueda originar en su cuerpo. Esto puede ser un síntoma de que la inseminación artificial ha resultado exitosa.

La fase que transcurre desde que se produce la inseminación hasta la fecha de la prueba del embarazo recibe el nombre de betaesfera. Suele tratarse de un periodo que se prolonga en torno a las dos semanas, y que nos permitirá conocer si el embrión o los embriones se han implantado en la pared uterina o endometrio.

Esta prueba se le conoce coloquialmente como ‘beta’. La producción de esta hormona comienza en el instante en que se implanta el embrión en el útero materno. Desde ese momento, su producción irá en aumento. Los niveles cada vez más elevados de esta hormona ayudan a conocer si se ha producido una implantación exitosa tras el tratamiento de reproducción asistida.

Por medio del típico test de orina se puede apreciar de forma simple la presencia de dicha hormona. No obstante, lo adecuado sería hacer una analítica de sangre que concretase el valor exacto. Los profesionales inciden en la importancia de hacer la prueba de embarazo el día señalado por ellos, ya que de lo contrario se corre el riesgo de conseguir un resultado que no se ajustase a la realidad, ya fuera un falso positivo provocado por la medicación o un falso negativo debido a los bajos niveles de hormona.

¿Cuáles son los síntomas tras el proceso de inseminación?

El cuerpo de cada mujer es diferente y, por lo tanto, hay muchas opciones de que reaccione de manera distinta ante este tratamiento de inseminación. Por lo tanto, si no experimentas alguno de los síntomas que se mencionan a continuación, eso no implicará que no estés embarazada o que proceso haya resultado satisfactorio, ya que el organismo actúe de forma desigual.

Entre los síntomas más comunes tras la inseminación artificial se encuentran el cansancio y pesadez, dolor en la zona lumbar, molestias en la parte abdominal, ligero sangrado vaginal, hinchazón abdominal, inflamación de los pechos, retención de líquidos y sensación de pinchazos en útero y ovarios.

Hay que aclarar que dichos síntomas no se producen propiamente por el tratamiento de inseminación artificial, ya que más bien se presentan como una especie de efectos secundarios por los fármacos que se recetan tras el proceso.

Pero además de los síntomas físicos, también es preciso abordar los problemas a nivel psicológico que se pueden desarrollar, y que nos obligarán a controlarlos muy bien porque en ocasiones son complicados de sobrellevar. Entre ellos están la ansiedad, el estrés, la inquietud y el nerviosismo.

¿Qué síntomas son los más característicos las dos primeras semanas tras el proceso?

Desde el primer día de la inseminación, es bastante común que la mujer reciba un tratamiento hormonal con progesterona con intención de mantener  el adecuado estado del útero y favorecer la implantación del embrión. La administración de progesterona y de otros medicamentos hormonales  tiene lugar durante la betaespera.

Cada paciente es diferente y los síntomas no siempre serán los mismos ni con la misma intensidad. Por eso es preciso aclarar que la falta de molestias no implica un resultado negativo de las pruebas, de la misma manera que la presencia de algún indicio sea indicativo de que se ha logrado un resultado exitoso.

Los primeros síntomas aparecen al cabo de tres semanas, pero existe la posibilidad de que alguna mujer experimente algún tipo de síntoma en torno al sexto día de la inseminación, que es cuando suele producirse la implantación del embrión en el útero.

Las señales de embarazo con inseminación artificial pueden ser muy parecidas a los que se sienten antes de una menstruación. Es normal que a veces nos emocionemos al apreciar alguno de ellas, pero en realidad habría que ser muy cautos. El tratamiento hormonal que se facilita para la estimulación de los ovarios y preparación del endometrio puede mostrar indicios de embarazo aunque no lo haya.

El primer síntoma suele ser la aparición de un pequeño sangrado vaginal, que tiene lugar en torno al sexto día a causa de la implantación del embrión en el útero.

En esas primeras semanas y a causa de alteraciones hormonales, pueden aumentar los senos o notar molestias en las mamas, además de dolor abdominal. A partir de la cuarta semana empiezan a hacer acto de presencia las náuseas y los vómitos.

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