Psicología

Ayudar desde la coherencia interna

 

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El trabajo de ayudar a otros es muy reconfortante pero no siempre es fácil.

En ocasiones nos escondemos tras la bata, signo de reconocimiento, signo de conocimientos. Debes saber que la bata blanca no es solo tela, la bata lleva consigo muchos significados que los pacientes interpretan cuando te ven con ella.

Suele ser signo de autoridad, especialmente en los médicos. A algunos pacientes les puede indicar amenaza, a otros les puede cohibir y a otros tantos les impide ser sinceros con lo que sienten o incluso mentir con sus síntomas.

Sí… el poder de la bata blanca es tal, que incluso puede crear hipertensión ante su presencia.

La parte buena es que tu actitud es la que marca la relación que mantendrás con el paciente y la bata puede llegar a ser solo algo anecdótico, una imagen sin significado temeroso unido.

A veces nos escondemos tras la bata porque creemos que es una capa con súper-poderes que nos hará sentir más seguros, especialmente cuando comenzamos nuestra andadura profesional. Otras veces la bata se convierte en nuestro escudo ante las emociones ajenas que no sabemos cómo regular.

Es importante saber la función que cumple para ti la bata blanca, porque en ella se esconden tus miedos, temores e inseguridades. Y aunque temporalmente te ayude a esconderte, sentir todas estas cosas por ti mismo, te hace ser poco genuino y natural.

¿Qué función cumple tu bata y cómo te ayuda a lidiar con el sufrimiento?

Porque has de saber que la única manera de ser tú mismo es siendo coherente con quien eres en este instante de tu vida. Y aunque pueda parecer sencillo, en realidad es un reto porque supone presentarte ante los pacientes con tu imagen real más allá de escudos y batas.

Hay situaciones cotidianas en el trabajo de los profesionales de la salud que nos empujan a escondernos o a ser coherentes. Algunas de ellas son…

No saber qué responder: Una de las situaciones habituales que podemos vivir cuando ayudamos a otros, es que nos pregunten algo cuya respuesta no sabemos. Esta situación puede ser experimentada como una pesadilla o como una oportunidad para aprender.

Yo decido aprender de cada situación que llega hasta mí y cuando un paciente me pregunta algo que no sé, simplemente lo digo… “Nunca había pensado en eso de la manera en que me lo estás planteando”, “No estoy informada de esa terapia o técnica por la que me preguntas, pero lo investigaré y hablamos de ello en la próxima sesión”, “Necesito un poco de tiempo para reflexionar sobre esto que me has preguntado”.

Me he dado cuenta de que cuando admito que no lo sé todo… en realidad no pasa nada. El paciente no abandona la terapia ni me deja en ridículo, de hecho puede que incluso le haga sentir bien, ser consciente de que él o ella sabe algo que yo no.

Admitir que no lo sabemos todo, es signo de naturalidad, de que somos genuinos y coherentes. Porque podríamos mentir o construir una compleja respuesta en base a nuestros conocimientos. Pero yo decido conscientemente trabajar desde mi esencia y eso supone ser natural y sincera.

Peticiones de nuestra opinión personal: Puede ser relativamente habitual que un paciente, un amigo o un ser querido que debe tomar una decisión importante, nos plantee la tan temida pregunta… “¿Y tú qué harías en mi lugar?

Esta pregunta indeseada nos confronta con dos posibilidades: dar nuestra opinión sobre su situación o decir lo que haríamos nosotros en su lugar. El problema es que nunca vamos a poder saber exactamente las necesidades del otro porque cada persona es única, ve la vida y toma decisiones en base a cómo es y sus experiencias. Por lo tanto, creo que jamás podremos saber lo que es bueno para otra persona, pues solo esa persona sabe lo que necesita y desea.

Por otro lado, no creo que nosotros mismos sepamos cómo actuaríamos en caso de estar en una situación parecida a la del otro, porque eso depende del momento vital que atravesemos, de nuestras experiencias, deseos y necesidades.

Ante estas cuestiones, creo que puede ser interesante decir algo como: “No puedo saber lo que haría en tu lugar porque soy una persona única, al igual que tú. Podemos averiguar lo que es importante para ti y lo que necesitas para que puedas decidir lo mejor para ti en este momento de tu vida”.

Te puede parecer una evasiva, pero en realidad nunca podremos saber lo que haríamos en la situación vital de otra persona y nuestro papel consiste en ayudar a que el otro encuentre lo que es importante para él o ella, sin forzar ni participar en una decisión u otra.  

La gran elección – Trabajar desde el miedo o desde el amor: Vivir en coherencia supone vivir desde nuestro mundo emocional y eso supone una decisión importante… ¿quiero trabajar desde el miedo o desde el amor? Si trabajo desde el miedo, forzaré al otro a que tome decisiones sobre el tratamiento que encaja conmigo o que yo considero que es mejor (siempre desde mi punto de vista). En ese caso dejo de tener en cuenta a la otra persona y ocupo el lugar de saberlo todo e incluso de saber lo que es mejor para el otro. En este caso la relación con los demás no será fluida y por tanto no podré ayudar de manera efectiva.

Cuando elijo trabajar desde el amor, asumo que cada persona es única y que cada cual sabe lo que es mejor para él o ella. En este caso yo no tengo el control sobre lo que ocurrirá, yo solo puedo informar, acompañar y apoyar ante cualquier decisión. Y cuando trabajo así, todo fluye… yo soy coherente, sincera y genuina y el otro también lo es, reforzando la alianza terapéutica.

¿Cómo es ser tú mismo?: Ser tú mismo se experimenta como ir cómodo en tu propio cuerpo y mente. Es admitir que no lo sabes todo y que el mundo emocional es muy importante. En mi caso, ser yo misma, es hablar de manera natural y sonreír, es preguntar más que hablar, es dar espacio al otro para que reflexione… sin prisas… es saber que da igual lo que yo opine personalmente porque el foco de mi atención es alguien diferente a mí. Ser yo misma es calmar cuando llega la ansiedad, dejar espacio para llorar cuando se necesita, es cambiar mis objetivos en una sesión para adaptarme a lo que la otra persona necesita ese día y sobre todo, es hacerle saber a la otra persona, que mi apoyo es incondicional.

Y en tu caso, ¿cómo es ser tú mismo?

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